«The Clash»

(Cuando el rock se vistió pluricultural)

Más allá de lo arbitrario de algunas efemérides, aprovecho este «Día internacional de The Clash» para homenajear, difundir y compartir la obra de la banda más maravillosa de la historia. A ellos les agradezco mis primeras adolescentes incursiones en las lecturas políticas, conocimiento de los movimientos sociales latinoamericanos y africanos, como así también la existencia de la pluriculturalidad como resistencia y equilibrio ante la globalización.
Sus discos, atraviesan el Punk, reggae, ska, funk, soul, pop, calipso, salsa, hip hop, jazz, experimentos electrónicos, gospel y mucho mas.
¡Gracias The Clash por la educación!

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Calaverita Mateos (Esquel)
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«A bailar con el Metal»

Hasta el año 1999, casi que era imposible pensar encastrar las piezas musicales y estéticas desplegadas por el Metal, el Hip Hop, el Pop, Hardcore, junto a coreografías de baile; de pronto aparece Limp Bizkit, con el segundo disco Significant Other dice Fuck off!! y de la mano de Fred Durst el tema nookie, entonces quebraron algo y construyeron algo más grande.
El Nü Metal fue una brisa fresca, el Metal pasó a descontracturarse un poco y de paso, bailar…

Calaverita Mateos (Esquel)
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«Gigantografia en el ingreso a Esquel»

Uno de mis sueños más grandes es ver a Esquel, como el Polo de las Culturas y el Conocimiento de la Patagonia. A modo de bienvenida a la ciudad, me encantaría que esta bellísima imagen de Guille Zunzunegui y el querido y recordado Artemio Book, se convierta en una gigantografia que de la bienvenida a los y las que lleguen a Esquel, como sinónimo de diversidades culturales y la convivencia amable entre las tradiciones y las vanguardias y alternativas artístico culturales.

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«Nacional Esquel, Fulbo Clú»

Más de una década, allá en el tiempo, fulbito y choripan entre Trabajadores de Radio Nacional Esquel y amigues de la emisora. Entre otres, Belu Bash Horacio Iturrioz Randal Nicolas Williams Mauro Calaverita Mateos Roberto Pena Raul Carello Nelson J. Santibañez Agustin Bestene Ricardo Roberts Omar Rastelli Carlos Chavo Ortiz Juan Martín Cángaro

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“El Comcom”

(El tiburón terrestre y justiciero de la meseta patagónica)

La Patagonia no es precisamente una zona en el mundo caracterizada por el cumplimiento de las leyes naturales, tal cual el conocimiento tradicional occidental nos ha inculcado, sino que aquí se profesan otras, y estas paren nuevas formas de componer la cosmovisión de las culturas que la componen. Así es el caso de la leyenda del Comcom, conocido entre los pueblos originarios, los primeros inmigrantes, como el tiburón justiciero de la meseta patagónica.
Para encontrar algún génesis de esta leyenda, hay que remitirse al libro “Strong Ocean – the ship of death” escrito en 1876 por el Historiador Ted Burroughs en Chelsea, Inglaterra, donde se puede rescatar la traducción única al español realizada por Manuel Muzoni, Bibliotecario jesuita que vivió en aquellos años en las riveras rioplatenses, llevando la palabra de Cristo y recopilando mitos y leyendas. Reconstruyendo a trazos gruesos algunos pasajes del libro “Océano bravo – el barco de la muerte”, se rescata una dura, cruel y sangrienta historia.
Winter Philips, el capitán del Strong Ocean era un capitalista salvaje inglés que se dedicaba al contrabando y comercio de esclavos entre Sudamérica , África e Inglaterra, para obtener fondos para la compra de tierras en la zona de la Patagonia, teniendo al Río de la Plata como principal, pero en uno de sus inescrupulosos viajes entre el viejo continente y el nuestro, una tormenta complica el natural rumbo de la nave poniendo en riesgo la tripulación junto a 40 esclavos africanos y obliga a desviar el camino del Strong hacia las costas de la actual Chubut; pero a unos 100 kilómetros de nuestras actuales costas el mar embravecido pone en jaque al cruel Capitán, quien decide drásticamente aliviar el peso del barco arrojando a las aguas enojadas 30 esclavos que fueron inmediatamente devorados por los tiburones. Luego de dos noches de luchar contra olas gigantes y vientos feroces, el barco infame choca contra rocas en las costas de lo que hoy conocemos como la provincia de Chubut, desapareciendo todos quienes viajaban a bordo.
Pero como toda historia, esta también tiene su reverso, ya que Ted Burroghs logró financiar una expedición arqueológica y antropológica por la cual se encontró, se investigó y se documentó una cueva en la meseta patagónica a la altura de Los Altares, campo adentro, donde hay pinturas rupestres que no sólo no coinciden con la cosmogonía Mapuche Tehuelche, sino que en ellas aparecen siluetas de animales con aletas que se asemejan a tiburones. Según la Antropóloga inglesa Valerie Simpson, tras reconstruir las pinturas en la misteriosa cueva, se trataría de un ritual de algunas tribus costeras africanas, por medio de la cual se invocaba al rey de los mares a emerger de las aguas y deambular las costas en busca de los integrantes de las comunidades que cometían crímenes, devorándolos o llevándoselos al mar para luego compartir la carne con otros escualos.
Si bien, las coordenadas de la cueva misteriosa se perdieron y en la actualidad no se puede dar con ella, los pobladores han abonado a la historia proporcionada por Burroghs algunos testimonios y fotografías que brindan a la leyenda algunos aires inquietantes. Cuentan las tradiciones orales campestres de la meseta patagónica chubutense, que cada tanto suele aparecerse en las infinitas extensiones una gigantesca aleta de algún tipo de pez o similar a la de los escualos que emerge de la árida tierra para nadar entre neneos, bardas y rocas, no en busca de animales para comer, sino que busca saciar su sed de justicia persiguiendo y devorando a terratenientes que han obtenido sus tierras de manera fraudulenta e incluso con títulos de propiedad manchados de sangre de los pueblos originarios.
Para finalizar, sin brindar juicio ni opinión acerca de las creencias populares de tierra adentro de nuestros pueblos, sólo puedo compartir aquí con ustedes dos hechos que ponen a esta historia lejana en tensión con la actualidad. Una de ellas, las fotografías que obtuve en mi último viaje de regreso de la costa de Chubut hacia Esquel cuando a la altura de los Altares, de repente, frente a nosotros, como cortando la ruta deteriorada, una aleta camuflada con matas, rocas y matices del lugar, de dimensiones descomunales, emergió de la tierra y recorrió casi una legua hasta sumergirse y desaparecer en horizonte de la meseta mística.
Otro de los hechos es un documento de contrato de servicios en la compañía Benetton por la cual todos los años se contratan cazadores de tiburones para trabajar en las estancias de nuestra provincia, propiedad del cuestionado empresario italiano.

– Fin –

Calaverita Mateos (Esquel)
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