“Conch’Sumá – Aprendé a hablá Esquelense”

(Escuela Bilingüe – Español y Esquelense)

Están abiertas las inscripciones para la nueva escuela bilingüe de la Patagonia que imparte en un mismo edificio el idioma español y el esquelense, también.
Creado por El Doctor en Lenguas, Ginecólogo Budista Calaverita Mateos y el Licenciado en Semiótica y Pastor Mormón, Marcos Alejo, bajo el sistema regional educacional denominado O.J.E.T.E. (Onomatopéyicamente Jodidos Epítetos Técnicamente Educacionales), cuyo fin principal es brindar un amplio conocimiento y divulgación del idioma español junto al idioma más poético conocido hasta la fecha en el mundo, el Esquelense tanto para turistas como personas, también.
Escuela libre y gratuita para que toda la población tenga el derecho de hablá como la Conch’Sumá, inventora de nuestro idioma cuyos arduos trabajos llegan a nuestros días intactos, vivos y fortalecidos como lo demuestran estos breves ejemplos:

1) En Español se dice:

“Oiga, usted, buen hombre, me alcanza por favor la cerveza artesanal”

– Traducción al Esquelense:

“Eh, Vó, boló. Me pasá la fresca”

2) En Español se dice:

“Caramba! Ese señor empujó a otro hombre”

– Traducción al Esquelense:

“Laaaa! ese Conch’supico pasó a llevá a otro guanaco”

Bienvenido a la escuela “Conch’Sumá” y aprendé de O.J.E.T.E. a hablá los idiomas español y esquelense más mejor que la mierda, boló.

– Fin –

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Experimentación Textil”


Antes de finalizar el 2017 charlamos en Nacional Esquel con la Hacedora textil Glenda Lloyd quien luego de años de estudio y trabajo en Buenos Aires y Tandil, regresó a Trevelin para producir y compartir sus conocimientos a través de Glenda Lloyd – Experimentación Textil.
Gracias, Glen!!!…qué manera de “reirlos”…

Calaverita Mateos (Esquel)
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“La dignidá cebada”


Llegó al puesto lejano, infinito, el hijo del patrón, arrogante, con la música ensordeciendo el silencio del campo que murmura existencia, montado en su camioneta 4×4 séxtuple tracción arando huella, salpicando barro contra las paredes del rancho construido con ladrillos amasados a mano y esperanza.
Bajó el hijo del patrón, prepotente, arrojando el envoltorio de un chocolate importado en el precario jardín de Don Sebastián.
Entró el hijo del patrón, sin permiso, altanero, a la rústica casita de adobe y madera vieja, tirando en el suelo un cajón con algunos paquetes de yerba, fideos baratos, vino berreta y harina para yugar un mes.

– Tómese un mate, m’hijo –

Dijo Don Sebastián al hijo del patrón, mientras un viejo mate galleta bebe el agua caliente de una pava abollada en todo su cuerpo por los golpes de viajes a la veranada, pintada color carbón en capas de inviernos aguantando bravías lenguas de fuego de leños camperos en la mitad de los montes donde pastorea la hacienda.

– No, gracias, está sucia esa pava, puede contener enfermedades al agua –

Respondió el hijo del patrón como si sus palabras fuesen la ciencia ascética que olvidó a la humanidad hace tiempo.

– Beba, hombre, beba uno solo, nomá, que de lo único que se puede contagiá es de dignidá –

Bebió el hijo del patrón, desconfiado, con un poco de cara de asco sin ocultar, pero a los pocos segundos en el segundo sorbo del mate sus ojos miraron los ojos de Don Sebastián y en esas pupilas se reflejó la pava negra y más atrás las siluetas de pobladores antiguos siendo golpeados, desalojados de una tapera parecida a la que se encontraban, en el fondo de los ojos de Don Sebastián, el puestero, también se veía gritos de niños separados de sus padres y se oían rojos sangre de golpes en las espaldas de paisanos y paisanas.
Vió el hijo del patrón, la historia no silenciada en los libros de sus escuelas privadas ni en los manuales oficiales de las escuelas públicas.
Pasaron algunos años ya desde aquella cebadura en el rancho. Hoy, en un día nublado que lagrimea en los filos de las lomas lejanas, los ladrillos de barro, bosta y pasto seco ventilan verdades y memorias.
Don Sebastián ceba para su soledad un mate lavado en el mismo viejo mate galleta, pero con una pava casi nueva, mientras mira por la ventana con vidrios chicatos de eternidad, al mismo tiempo, pero a muchas leguas, el hijo del patrón está solo, sentado bajo un toldo de lona estirado entre una lenga añeja y una roca fortachona, lo acompaña un perro flaco faldero, unos viejos libros marxistas y un fueguito que calienta aquella vieja pava cubierta de hollín que Don Sebastián le regaló esa tarde de sabiduría ancestral.
El hijo del patrón no volvió más a la civilización, anda desalambrando campos de los patrones que obtuvieron tierras despojando viejos pobladores.
Un puestero, un niño hijo del derroche y la explotación, una anciana pava de mate y los ojos de la dignidá tatuaron la tierra agrietada de injusticias de la Patagonia en los huesos del futuro de un joven guerrero.

– Fin –

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Cerezear en los techos y arboles de Esquel”


Voy a presentar un dulce proyecto ante el “Honorable Conejo Delirante de Esquel” para que se declare la trepada a los árboles y techos de nuestra ciudad con la finalidad de abastecerse de cerezas como “Actividad Cultural de la Conchisuma” por su noble aporte a la gastronomía, la diversión, el placer y el estímulo a la producción de papel higiénico post churretera.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“El Soldado heroico de alambrecito de sidra”


Cuando todos se fueron a dormir luego de una cascada de bebidas y un alud de manjares salados y postres, recuerdos repetidos una y otra vez en cada fin de año y ese círculo vicioso de saludos cargados de una hipocresía que les permiten soportar la realidad con un poco más de liviandad; la mesa simulaba una intervención de Marta Minujin sobre el caos en el universo.
De repente, uno de los morriones descartados en la mesa, de la nada comenzó a moverse, contorsionarse, como si una mano invisible lo trabara, así fue tomando forma hasta convertirse en una silueta humana flaca, pero firme, cual soldado con armadura de los cuentos de castillos y dragones.
El Soldado de alambre recorrió caminando la mesa entre cascaras de manís, pedazos de turrón masticados a media y servilletas engrudo de guiso de todas los alimentos que tuvo que limpiar en la jeta de los comensales. Llegó hasta otro morrión de Champagne que habían dejado con forma de choique y lo montó, comenzando a recorrer toda la mesa en busca de más alambrecitos e incitándolos a cobrar forma. De ese modo, la superficie de la tabla, entre platos y copas se llenó de Soldados, choiques, dragones de alambres que se congregaron en el centro bajo la batuta del primer Soldado quien emitió un discurso improvisado a los animales y guerreros de metal:

“Es nuestro deber mantener la mística de este ritual pagano en donde los humanos despiden un tiempo pasado, deseando un porvenir próspero, sólo nosotros conocemos los hilos secretos del tiempo y la vida, es por eso que les pido que, aunque la ceguera de magia e ignorancia de los humanos sobre nuestra existencia no los humille ni frustre, sino todo lo contrario, cada año a fin de año, volveremos a armarnos ante cada sueño de resaca a ellos los mantenga hipnotizado ya que nuestro deber es proteger y promover la magia del metal y la uva que beben los mortales y los dioses”

Al mediodía la primera mujer que se despertó, con dolor de cabeza y mucha sed, barrió un poco el piso, juntó las sillas desparramadas y observó la mesa llena, en su centro, de soldados, animales y seres místicos hechos de metal, con el alambrecito (morrión) de las sidras y los champagnes, sonrió tratando de imaginar quienes lo habían creado entre borracheras y morfis en la madrugada, pero optó por juntarlos con el repasador y arrojarlos a la basura para proseguir la limpieza mundana y la mística, también.
Otro año más que ignoramos la magia y nos gana el exceso de razón.

Calaverita Mateos (Esquel)
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