“Carta de Megan Fox a Calaverita Mateos”

Boston, 11 de marzo de 2019


Hola, mi adorado Patagonic Skully:

Estoy en Boston, en la casa de mi madre cocinando un locro con lo que me mandaste en la encomienda que te obsequió para mi tu amigo músico Alfredo Claverie (carne e’potro, caracù de guanaco, chorizo y panceta de guarèn), ya que a las dos nos encanta y además mi vieja se pasa la dieta por el orto.
Justamente, mi mamá me preguntaba como te conocí, como me enamoré de vos y le dije que en una invitación a conocer una de las estancias tan polémicas de Benneton en la Patagonia, una que está a pocos kilómetros de Esquel, antes de entrar al campo te vimos al costado de la tranquera arriba del alambrado con los pantalones bajos, culito blanco al sol y las pelotas atadas con alambre de púa.
Vi tu cara de sufrimiento, pero tu altruismo, tus deseos de justicia social, tus ganas de protestar contra el poder de los terratenientes extranjeros a través de atarte los huevos al alambrado para manifestarte ante nuestro paso, bastó para enamorarme. Me baje del auto, le metí un escupitajo a Benneton y corrí a hacia vos que me mirabas con una cara, medio entre dolor, sorpresa y vergüenza, te abracé y levantando una mano les grité a los de la camioneta:

“¡Fuera Benetton, yo apoyo esta causa!”

A lo que vos me dijiste con una voz finita y chillona:

“Si apoyas esta causa, por favor defendeme ésta. Ésta causa.
Ayudame a desenredarme las pelotas de este alambre de púa, ya que estoy así hace cinco horas. No estoy protestando, me vine a meter de prepo al campo de este tano conchisumá para ir a pescar a la laguna, sacar una trucha para que Juan C Chupete Sandoval la cocine y cuando quise hacerme el cheronca para saltarlo, me resbalé con un chinchimoye y me llevé puesto el alambrado a puro huevo”.

Así fue que durante hora y media logramos zafarte de la embarazosa situación, fuimos a tu casa, te recostaste y te puse paños de agua frío en las bolas toda la noche mientras escuchábamos a Dolina a la noche.
Me quedé dormida a tu lado y al despertarme al otro día, vos estabas de espalda, desnudo, con las pelotas coloradas como huevo de ciclista y haciéndome el desayuno. A mi lado, en la almohada, había un trozo de papel de Diario La Portada con un recuadro y un poema que rezaba:

“Ojos verdes grandes cual bosque de ciprés,
morocha de cabello sedoso y labios gruesos
no tengo dinero, pero si esto que ves
un salmón rosado relleno de queso»

Y con esas palabras, nuestras vidas quedaron unidas para siempre. No sabes lo que te extraño, lo que extraño Esquel.
Esas tardes de toscazos en la canchita atrás de la Politécnica haciendo sapitos en la tierra junto a Andrés Campos o esas meriendas en Trevelin, té con pan casero y dulce de mosqueta y la mejor tarta de crema en Nain Maggie o los sanguchitos de mortadela y paleta de capòn que nos preparaba Marlene Williams antes de ir a jugar a las bochas.
Bueno, mi culito peludo, tengo que dejar de escribir ya que mi madre se clavó ya dos platos de locro al hilo, está con una churretera fulera y no hay Poet de lavanda que se la aguante.
Te extraño mucho y en julio estoy por allá así vamos a hacer culipatin al arenal cuando esté nevado.

Chau, sureñito mio, te quiere eternamente, tu Morocha de labios gruesos…besos en la nalga derecha, esa que me hace cosquillas con el lunar cada vez que te uso de almohada

– Fin –

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

Deja un comentario