“Carta de Amanda Peet a Calaverita Mateos”


Minnesota, 4 de Noviembre 2017

Querido, Calaverita de mis sueños…

Mi amor, hoy 4 de noviembre, estamos festejando el día de la morsilla yanqui en Estados Unidos. Aproveché la encomienda que me mandaste la semana pasada e invité a comer a unos amigos. Si, aproveché el tupperware que venía en la caja de la encomienda con las sobras de guiso de mondongo de guanaco que te sobró de la cena con Loli Mimi, Gustavo Jaramillo y Cecyl Owen Roberts cuando festejaban el ascenso de Once Corazones a la segunda categoría del Torneo de Fútbol “King Kong Rivera 2016”.
En realidad, la juntada con mis amigos es una excusa. Resulta que Kim Bassinger sigue triste, no puede olvidar la noches largas, bajo las estrellas, de fuerza y corazón junto a tu amigo Nacho Tascon. Si, no se ha podido quitar aquel recuerdo cuando Nacho quizo hacerse el guía de pesca y la llevó a conocer el pozón del Río Percey a la altura del Puente de Fierro y se quedaron sin nafta a las 3 de la mañana. Kim no olvida de esas noches largas, fueron 9 semanas y media re cagada de frío, bajo las estrellas con una helada que le congeló hasta los pelos de la bigotuda y luego a fuerza y corazón empujando el rastrojero hasta el cruce con el camino a Esquel donde, por suerte, los levantó un paisano que iba a la competencia “Enlazando el Scon al vuelo”, en Trevelin.
Bueno, no te quiero molestar mucho, seguramente te estás haciendo la permanente en los pelos de las bolas, como lo hacíamos cada vez que llegaba el fin de semana y te arremangabas los pendejos para que no se te transpiren tanto al salir a trotar por la bicisenda.
Decime, Cuchuflito de mi alma, tenés idea si Cecilia Vallejos ya presentó su libro “El caracú de Chinchimolle en los tiempos del cólera”…ya que lo iba a presentar en el Bar “La Ley del Capón” de Patricia Cilio. Si ya lo presentó, por favor reservame un par de ejemplares que se los quiero regalar a Umberto Eco, a quien voy a visitar el mes que viene para jugar al chin chon y la escoba de quince y lo quiero sorprender con buena literatura y no con ese dulce de mosqueta vencido que me mandaste el año pasado, con el cual se intoxicó y se agarró tal churretera que me empapeló de verde y marrón el baño del quincho de su suegra.
Te cuento que si todo va bien este mes me pagan el aguinaldo, pago la cuenta del lavarropas y me voy de vacaciones a Esquel por un mes. Tengo ganas de hacerte el desayuno, todas las mañanas secarte la baba que dejás en la almohada, remendarte las medias con agujeritos en los talones y mucho mas.
Eso si, cuando esté en Esquel, quiero que me lleves a tomar mate a la costa del arroyo Esquel, mientras hacemos sapito a puro toscazo con esas piedras chatas y lisas tan apropiadas para la practica de esta criolla disciplina, mientras Foca Esquel nos saluda desde el otro lado del arroyo.
No me olvidaré el momento exacto cuando me enamoré de vos. Fue aquella primera vez que, sentados al lado del agua, me recitaste tu primer poema para mi, mientras te manducabas una galletita con una rodaja de salame:

“Ojos místicos que al mirar son canción
oh, doncella cuyos labios se elevan desde el piso
no olvides nunca lo que subyace detrás del pantalón
te espera ansioso entre mis manos mi primo el petiso”

Bueno, mi bombón, se hace tarde y aún no me depilé la cachu, se me pasó la cera dos veces.
Te mando chupones desde el cuello hasta los dedos de los pie, aunque tengas talco eficient pegado desde la semana pasada.

Te ama profundamente tu nalguitas de quaker, Amanda, los ojos lindos que te encandilaron y te hiciste mierda contra el pino.

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

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