“Canilla de un patio olvidado”

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En la esquina más lejana del patio de mi Abuela, donde bailan el dos por cuatro las hojas secas con el flequillo del viento, asoma el cogote oxidado y flaco una Canilla vieja, algo arrugada por el sol y la lluvia.
Todas las mañanas, cuando el mundo saca a orear la vida, la Canilla tose dos o tres gotas de agua cristalina, fresca. A veces, una oruga ciega aprovecha a beber. Pero casi siempre mi Abuela levanta las gotitas y las pasa suavemente por sus labios agrietados por los tantos otoños.
Según me dijo cierta vez, son las lagrimas melancólicas de un patio en donde ya no corren ni hacen travesuras los nietos con sus amigos. Algunos han crecido y se han ido a ciudades más prometedoras. Otros han muerto ya.
Mi Abuela no está triste, sabe que esas gotas de agua son el mar de sus recuerdos, el río de su porvenir.
Ojalá nunca deje de toser agua esa Canilla.

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

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