“Bastantito”

(Real Academia de la lengua esquelense)

Harto conocimiento adquirimos en los claustros escolares y posteriormente en recintos universitarios acerca de las mediciones en tanto longitud, peso, valor, etc. Que determinan, clasifican, estructuran nuestro mundo espacio forma en una universalidad de referencias semánticas, geométricas e hijas del álgebra que a veces olvidamos otras posibilidades de mediciones paridas en el seno de culturas aparentemente en vías de desarrollo científico tecnológico.
Precisamente y al respecto, nuevamente Esquel es punta de lanza en materia de innovación tecnológica lingüística aportando al mundo todo uno de los términos más aclamados por el mundo de la ciencia: “Bastantito”.
Acerca del mismo, ilustres investigadores y personalidades de renombre en la ciencia se han expresado al término y a al pueblo que le dio origen:

* “…Luego de conocer el témino Bastantito en un asado de potro en Esquel, no me quedó más remedio que hacer un rollito con la teoría de la relatividad y metérmela en el culito…” (Albert Einstein)

* “…Por la felicidad que me provoca la aparición de la palabra Bastantito en el lenguaje científico bailaría en una pata, pero por razones que ustedes sabrán comprender, me abstengo del bailongo…” (Stephen Hawking)

* “…Ahora ya sé que contestar a los periodistas cuando me pregunten mi edad…” (Mirtha Legrand)

La aparición de la palabra “Bastantito” se remonta a principios del siglo XX cuando el almacenero y dueño del primer almacén de ramos generales en Esquel llamado “Resfalón de escarcha”, Don Tito Catrileo pierde camino a Costa de Lepá la balanza y la regla tradicional del negocio no encontrándolas nunca más. Este hecho no amaina ni sosiega el espíritu comerciante y emprendedor de Tito Catrileo quien decide continuar con la venta de yerba, fideos, tabaco y otros vicios a la paisanada de Esquel y la región, pero ante el faltante de las herramientas necesarias para medir y pesar la mercadería, opta por utilizar el sincero y estricto deseo de cantidad estipulado por los compradores.
Es decir, ante un pedido de mercadería Don Tito iba midiendo con la regla o sirviendo en una bolsa, según se tratara el producto solicitado, mientras el comerciante iba preguntando cuantos bastaban para completar el requerimiento del comprador y éste iba indicando:

“…bantan tanto, Tito…” o “…bastan un poco más Tito…”

El Bioquímico evangelista de los últimos días del Ñorse, Omar Daher lo describe exhaustivamente a través de un ejemplo en el párrafo del capítulo XXX “Drácula y el monopolio de la sangre” de su libro sobre bioquímica llamado “Sosteneme el tubo de ensayo”:

“…Y al entrar el cliente al almacén de Don Tito Catrileo, este fue el memorable dialogo que retuve en mi memoria:

– Tito: Buen día, Don ¿qué le sirvo?
– Cliente: Un poco de yerba, Tito.
– Tito: voy echando en la bolsa, digame cuanto le basta.
– Cliente: Como no, Don Tito.
– Tito: ¿Ahí está bien?
– Cliente: Bastan un poco mas, Tito.
– Tito: ¿Ahora como va?
– Cliente: Un cacho mas bastan, Tito
– Tito: ¿Estamos?
– Cliente: Ahí bastan, Tito.

La sumatoria de clientes y el uso prolongado del “Bastan, Tito” para distintos tipos de productos lograron unificar los criterios de cliente y comerciante en el almacén, hecho que se reprodujo en muchas otras actividades comerciales de la región…”

De esta manera llega hasta nuestros tiempos el uso sistemático, coloquial y extendido entre los pobladores de Esquel y el oeste patagónico de Chubut, del término “Bastantito” que expresa una distancia y un peso acorde a las exigencias subjetivas percibidas sensorialmente por un individuo particular; es decir, ni más ni menos, ni poco ni mucho, sino simplemente “Bastantito” y a lo que algunos osados Poetas de Esquel le suelen agregar un vocablo de sentencia fuerte que clausura toda otra posibilidad de errar en la medición requerida y de esa manera viviendo o siendo turista en Esquel, junto a nosotros usted puede aprender a hablar mucho más mejor que la mierda:

“Bastantito, nomá”

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

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