“Aquel Triciclo del 17 de Octubre”

Lo trajo mi padre de regalo a casa justo aquel glorioso 17 de Octubre, era la moto de los asalariados de la barriada obrera. Tiene los huesos herrumbrados y los manubrios como los cuernos toreando al tiempo que no le da tregua, pero mientras sus patas traseras se confunden entre los yuyos y el barro, la delantera que aun aferra su goma al piso, sostiene con delgados músculos de hierro los pedales que dejaron de ser la pequeña vuelta al mundo que ayudaba a avanzar.
Entre cajas vacías, maderas que serán fuego de algún asado, descansa ciego, con reuma de anhelos, sin que nadie se atreva a dejarlo en la vereda para que el camión de la basura se lo lleve. Tampoco los padres se animan a intentar una resurrección, temen que si vuelve a andar por el patio con sus hijos montados en su lomo, los vientos de una niñez que hace mucho tiempo dobló la esquina para siempre, regrese con la verdad de ayeres de barrio con arboledas, veredas de guardapolvos llenos de polvo, felices, libres y las tardes de chocolatada con pan y manteca para todo el piberío que hoy, poco a poco, lamentablemente, vuelve a sentir que la panza empieza a chillar de hambre.
El viento mueve apenas los engranajes oxidados del antiguo regalo de aquel 17 de Octubre, y el sonido recuerda el lenguaje de las máquinas que salia por las ventanas de las fábricas en aquellos tiempos prósperos.
Tal vez el triciclo, su sonido, su Lealtad de fierro, sea una artística revelación, una justa rebelión, el llamado a una nueva movilidad social, que fluye de la Fuente inagotable de bienaventuranza, donde nuestros pies descalzos se refrescan con la esperanza que comienza a echar sus primeras nuevas pedaleadas soberanas.

– Fin –

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.