“Al filo del olvido”

(Dedicado a los Afiladores que aun existen)

El egoísmo de la modernidad ha optado por la sordera voluntaria ante el pedido de auxilio de los antiguos nobles oficios.
En vano, las viejas y pesadas tijeras de las abuelas tosen su oxido desde el fondo de un cajón polvoriento.
Algunos jubilados, osados soñadores, suelen sentarse al atardecer en los canteros de las veredas de sus casas. Con la palma de la mano abierta, besando la oreja, gesticulan los últimos esfuerzos para tratar de oír. Quieren escuchar, aunque sea a los lejos, el rumor de aquella melodía inconfundible que precedía a la aparición de la antigua bicicleta dando vuelta a la esquina.
Pero las manos arrugadas de Quique no se doblegan ante la injusticia. Sostienen tarde tras tarde, semana tras semana y año tras año, el cuchillo que su padre le regaló cuando era niño. Ese objeto que, pese a la inclemencia del tiempo, mantiene su estirpe de caballero en los bravos asados.
Sabe, Quique, que el día menos pensado por la esquina de su cuadra, escuchará primero la canción sin voz, luego el rechinar de unos viejos fierros sostenidos por unas fuertes y rodantes ruedas de bicicleta. Llegará hasta su lado una sombra de antaño afilador, quien tomará el cuchillo de Quique. Le sacará el último y más aguerrido filo en vida.
Cuando ese día llegue, Don Quique sabrá que con el cuchillo afilado, podrá cortar la textura dura del tiempo y montará en las alas de Cronos, quien lo llevará hasta su casita perdida en los fantasmas del recuerdo. Allí, le entregará a su padre el cuchillo reluciente para que corte su atadura con este mundo. El mismo mundo que lo olvidó en su otrora oficio de afilador.
Quique, por fin, no sostendrá un cuchillo en la esquina, sino la armónica de afilador de su padre. Y soplará la melodía que vencerá la garra del olvido de la modernidad.
Y de la esquina, nuevos afiladores volverán a bicicletear las calles con rumbos nobles.

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

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