“Ailatan, sabia de las aguas del Sur”

(Leyenda Patagónica)

* Dedicado a Nati Chavez por permitirme compartir esta foto, una de las mejores que han logrado plasmar la magia de las aguas patagónicas, en este caso el lago Gutierrez, realizada por su hermana Gabriela Chavez.

No hay mención alguna en las pinturas rupestres de los pueblos originarios, ni mención en los textos antiguos de los primeros europeos que llegaron a estas tierras, aunque si se pueden rastrear algunas huellas en los rumores celosos de las narraciones orales de las abuelas y machis Mapuches. Hablo de las Ailatan, criaturas similares en las citadas en las leyendas del viejo mundo como sirenas.
Doña Hermilda Catrileo, Tejedora Mapuche de la zona de Costa de Gualjaina, días antes de dejar el universo físico, me contó entre mate y mate, sentados en el pasto a orillas del Río Chubut, que aquellos seres que aún mantienen de manera consciente o inconsciente el espíritu sano que dialoga con los cuatro elementos de la naturaleza, pueden verlas, en la quietud de los remansos o en los galopes cristalinos de las correntadas de los ríos, como en los lagos y lagunas patagónicos. Los ancestros la llamaban Ailatan, criaturas con características humanas que habitan las aguas del sur del sur americano. Se alimentan de algas y vegetales acuáticos y, en ocasiones, de frutos silvestres que caen en los espejos de agua. La Ailatan, es considerada custodia y savia de las aguas frías, custodia en motivo de manifestarse con cantos ancestrales, sonidos casi imperceptibles, cada vez que las aguas claras se ven amenazadas por la voracidad del progreso occidental, y savia, porque es capaz de transmitir su conocimiento místico a los espíritus nobles que deseen vivir la experiencia de ser Agua por un momento, agua y cosmos, ser bendecido por los elementos de la naturaleza a través de la conexión espiritual con el fluir de las fuerzas que equilibran el río vital. Quienes han logrado este trance, no vuelven a ser los mismos, sino también experimentan el verdadero sentido de la libertad absoluta, despojada de la razón, la lógica y las estructuras preconcebidas, para ser empapados por las energías proveniente de las sabidurías milenarias que no tienen ni pasado, presente, ni futuro.
La Abuela Tejedora tomó mi mano, me invitó a cerrar levemente los parpados, permitiendo apenas el ingreso de la luz entre las pestañas y ver, pero ver con los ojos del alma, esa energía aun no domada por el supuesto dictamen de la educación y la evolución. Sin hablarme, Doña Hermilda Catrileo me habló, claramente escuché su voz canto, que me convidaba a descalzarme, caminar a paso lento hasta el río, continuar, sumergirme suavemente en las aguas frias y escuchar el fluir transformador del andar de las aguas, entonces la voz de la Abuela empezó a mezclarse armónicamente hasta ser otra voz, una lengua desconocida hasta entonces, era un sonido jamás escuchado, con aires femeninos que sin decirme, también me dijo, eres ya agua y de agua serán tu sangre, eres ya tu y el universo, también, puedes fluir en libertad eternamente sin temerle a las transformaciones, ya que el cosmos y la vida es fluir y cambio. Fue tan grande el éxtasis de sentirme agua que no pude evitar abrir los ojos debajo del agua que era el río, que era yo, que era Doña Catrileo, y la vi, bella, sutil, trepar hasta la superficie del Río Chubut para fundirse con los verdes diversos y el esplendor del sol abrazando el cauce, hasta perderse, desaparecer. Salí a respirar, en la orilla ya no estaba Doña Catrileo.
Desde aquel día se lo que es la libertad, puedo fluir, aprendía a dialogar con el agua, ser agua y ser universo.

– Fin –

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

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