“A pesar de mis cabronitudes”


Hay días, como aquel domingo, que se levantan con el pie izquierdo y nos pintan en la cara con acuarela vencidas un culo de Botero. Son las garras de la providencial cabronitud que no toma licencia ni se adhiere a los feriados de los calendarios pedorrianos.
Asoma la nariz de la mufa y no hace mas que estornudar ceños fruncidos que le echan el fardo a cuanto ñato pisa la vereda de nuestra escueta existencia. Hay días, como aquel domingo, que la mala racha nos da la mano y nos muerde el codo.
Apostamos los últimos patacones a todos los números en la quiniela y para colmo sale la letra U. El sol baja su perilla hasta piloto y las goteras de los fracasos no paran de salpicar vergüenzas en la frente marchita. Hay días, como aquel domingo, en los cuales Mormones y Testículos de Jehovà hacen fila india en la puerta de mi casa para tocar timbre y ofrecerme el último descuento con boleto para dos, sin estadía paga, al paraíso.
Se hierve el agua para el mate, la Cooperativa avisa suspensión de la luz, el gas se corta y me encuentra con la cabeza hecha un cordero de shampoo y las bolas envueltas en espuma. Hay domingos, como aquel, que me hago el Messi y le doy un derechazo descalzo a la pata de la cama con el dedo chiquito del pie.
Sin embargo, entre tantos golazos en contra y una cancha cuesta arriba, aun me queda mi bunker privado: Un cuarto en soledad, un mate amargo, libros que rascan la espalda de la imaginación, una radio am escupiendo un tango de Manzi y una lapicera que aun carga algunas gotas de tinta negra y ahí, colgada en la pared de mis Edenes, tu rostro que me salva.

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

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