“A la plaza de mi barrio le duele la muela”


El dolor era espeso y agudo. Intuía que venía de muy, pero muy adentro. Até la muela que mastica los recuerdos al picaporte del inconsciente y esperé la llegada de Doña Sorpresa.
Al cabo de unos minutos, que aquí en este Pueblo duran ochenta segundos y dos peras en almíbar, alguien abrió la puerta con fuerza. Era la bandita de amigos de la plaza del barrio que en nuestra niñez estaba bajo el reinado de los niños, las aves, las flores y las mariposas solteras.
La muela saltó por el aire y detrás de ella una cola de cometa brillante, llena de chispas, pero en el extremo apareció una burbuja gris. En su interior lloraba una nena muy pequeña, Seis años tal vez. Su pena tenía el aroma de la cercanía. Recordé. Se trataba de la niña que leía poemas en el tobogán de la plaza y que nadie escuchaba. Todos se burlaban.
Tomé la muela, sostuve su extremo. Por favor, leé para mi una vez mas, le dije a la niña. Ella tomó un viejo cuaderno Laprida, lo abrió al medio y dijo:

“Las Plazas vuelan sostenidas por el canto de los colibríes. Las Plazas ríen, lloran y regresan como un dolor de muela para recordarnos, cuando adultos, que si las olvidamos las peras y las mariposas perderán el aroma de la niñez, ese aroma con sabor a magia que nos permite estar recordando, por ejemplo, el columpio de la Vida”.

El dolor de la muela se fue. Comí una rica pera con miel en el banco mas viejo de la Plaza de mi barrio.

Calaverita Mateos (Esquel)
www.calaveralma.com.ar

Deja un comentario