🎙En la Cuerda🎙

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Fin de año 2004, regresaba a Esquel de Cba. Un viernes de 2005 viene my fucking bro del soul Marcos Alejo y me dice vamos a ver a Yei Yei Pinuel tiene una radio que te va a gustar (justo era la única radio que escuchaba a mi regreso, me parecía que estaba a años luz de lo que se estaba haciendo en radio en Patagonia), llegamos a casa de Yei Yei, tomamos unos mates, entramos en sincro, me pregunta ¿cuánto te animas a hacer de aire? 3 horas diarias, le respondí. ¿Cuando querés arrancar? (Era viernes), el lunes, si te parece.
Ese lunes comenzamos Dijo el Otro, un delirio radial donde trabajamos Andrés WilliamsMarcos AlejoVirginia Ret y Ximena Cabrera, entre otres.
En la foto hay una colada que nos vino a robar yerba para el mate, una tal Natalia Oriola.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Ríe penita, ríe”

Cumpleaños a orillas del arroyo Esquel.
De repente, Azul, la niña cumpleañera advierte que Laureano, uno de sus compañeros de escuela, está sentado en la costa con un globo en la mano, contemplando el paso del agua, en silencio. Ella se acerca, también con un globo en la mano y pregunta:

– Azul: ¿Estás bien, Laureano?
– Laureano: Si, muy bien.
– Azul: ¿Qué buscas en el agua?
– Laureano: Una lágrima que perdí hace mucho tiempo.
– Azul: ¿Donde?
– Laureano: en la nieve, en la punta de aquella montaña.

Silencio de unos minutos y la conversación regresa:

– Azul: Cuando la encuentres ¿volvés a jugar con nosotros?
– Laureano: Si. Quiero mostrársela a todos los chicos.
– Azul: ¿Para que?
– Laureano: así los chicos le enseñan a esa penita a reír, también.
– Azul: que lindo.
– Laureano: no quiero olvidar mis penas nunca mas en el olvido.
– Azul: te quiero.

Justo, en ese instante, Laureano dirige la atención hacia el curso del agua, sumerge levemente un dedo en la corriente y al levantarlo mira la yema del dedo indice, donde se posa una gotita de agua o tal vez una lagrima, y sonríe, mientras
toma con la otra mano la mano de Azul y le dice:

– yo también te quiero, volvamos a jugar con los chicos –

– Fin –

Calaverita Mateos (Esquel)
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📀Haciendo roncha en el barrio📀

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Alucinado y eternamente agradecido con este bello obsequio de Ines Ventura, antiguo tocadiscos portátil Emerson Wondergram, con valijita y todo como para salir a escuchar vinilos en las calles luego de la cuarentena.
Ya está en mi «museito» personal de radios, equipos de música, vinilos y libros antiguos.

Calaverita Mateos (Esquel)
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“Charcolandia”

(Dedicado a Noá e India, mis hijas, que alguna vez en un charco de una plaza de Esquel me enseñaron a leer la vida)

Caminaba seriamente por las arterias internas de la plaza el Ingeniero Philips de la constructora “Concretamente Concreto S.A.”, como calculando los litros de cemento que el camión debía vomitar sobre la hectárea oasis de la ciudad.
Un 70% de gris sobre un 30% de verde y tierra traería más seguridad a los niños que no se acostumbraban a utilizar los caminos prefijados por unos planos fríos, trazados en una oficina fría con olor a café, cigarrillo y ausencia de rodillas raspadas de jugar a la bolita en el barrio. Ni los vuelos rasantes de un matrimonio de teros guardianes, ni el bullicio de zorzales enojados y cachivacheros, ni el chllido de la hamaca con los huesos de hierro sin kinesiólogo que iba y venía con su lomo montado con la sombra del fantasma de un niño que ya no estaba en la plaza.
La decisión de Philips había sido tomada por el directorio de “Concretamente Concreto S.A.” y efectivamente, debía ejecutar la decisión de manera concreta.
En el centro del pedazo de tierra y arboles que amamanta de juegos y sonrisas la rutina rutinaria de la ciudad, el Ingeniero de espaldas a la arboleda y de frente al culo del camión que marchaba lentamente marcha atrás con el cemento fresco y chirloso con hambre de fagocitar yuyitos, insectos y olor a recuero de tierrita mojada por la melancólica lluvia lejana; levantó sus brazos y sus manos en clara señal al chófer del mionca dibujado en el espejo retrovisor para que levante la caja y comience el derrame de río gris sobre la pampa verde, pero justo en ese momento, una niña y una bebé pasaron corriendo a carcajada limpias por un charco heroico que resistía en poética proeza de reflejo del cielo en el suelo. Sin percatarse del señor pacato, las pequeñas salpicaron de agua y barro el pantalón blanco impoluto del Ingeniero que, entre sorprendido y asustado, bajó su mirada hacia los zapatos y pantalón con pecas marrones hijas del charco y el zapateo salvaje de las chiquitas.
El ingeniero no se enojó, más bien sonrió al verse como un dálmata humano, y también volvió a sentir el olor de la tierra mojada, percibió el barro tal vez y su moldeable cuerpo escurridizo, escuchó como no lo hacía hace décadas, a las aves en las copas de los arboles, siguió con su mirada el camino laborioso de las hormigas con sus trozos de hojitas como veleros terrestres en fila india a sus hogares y, mágicamente, dejó que la música de las carcajadas de las peques lo bañaran de vida.
Inmediatamente, el Ingeniero hizo señas al chófer del camión para detener la caída de cemento al suelo y ese mismo mediodía canceló ante el directorio el proyecto de relleno de concreto en espacios públicos, presentó su renuncia < “Concretamente Concreto S.A.” y, en la actualidad, se dedica a diseñar, crear y ejecutar proyectos de plazas modernas, verdes y amplias donde los charcos pueden ser charcos, los niños pueden ser niños y los adultos pueden ser niños, también.

– Fin –

Calaverita Mateos (Esquel)
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