🐳 Ballena del Calfu Mahuida 🐳

A veces siento una humilde angustia ajena, como un nudito en la panza por aquellas personas que viven en las grandes ciudades, por caso Buenos Aires, en donde el horizonte es una cascada de concreto y vidrios aportando grises a los ríos de cemento que diariamente que arrastran carruajes de lata, trajes, finanzas, estrés y miedo, pero también comprendo que cada una y cada uno le da a sus sueños bozales o alas.
Ayer, cuando volvía de dejar a mi hija en la escuela, conversaba con un amigo que me decía:

«no se cómo te bancas ese frío del orto y estar tan lejos de todo»

Lo quiero mucho, lo escuché como un sonido agitado, lejano, agitado, entre lluvia de bocinas y casi siento esa humilde angustia ajena brotando nuevamente, pero al mirar el cielo vestido de frío invierno, allá, en el lienzo del amanecer encontré la respuesta y la compartí con mi amigo:

«Si, boló, ta frejca la cosa, pero bue viejita l’agua, son las cosas de vivir en Ejquel, aunque poray no tendré todo aquí, tal vez sólo los mitos y la magia que aún se permite recreos en estos pagos, me conformo con volver de la escuela de mi hija, mientras una ballena cruza por el horizonte comiéndose la luna sobre el cerro Calfu Mahuida regalándonos el ancestral ritual del amanecer»

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